Poco antes de llegar a Huacalera, atravesando la Quebrada de Humahuaca
por la Ruta Nacional 9 o Panamericana hacia el norte, del lado
izquierdo, se encuentra el Monolito del Trópico de Capricornio que marca
el punto por donde pasa la línea imaginaria que forma el trópico del
hemisferio sur. El Trópico de Capricornio delimita los puntos mas
meridionales en los que el sol puede ocupar el cenit (línea vertical desde un punto hasta la esfera celeste) al mediodía.
Los puntos mas al norte los delimita el Trópico de Cáncer y entre ambos
se extiende la llamada zona intertropical o "tórrida" en los manuales de
geografía viejos.
Huacalera es un pequeño pueblito de la Quebrada de Humahuaca donde se desarrolla la agricultura de huertas.
Detrás del monolito y sobre la misma línea se construyó un reloj solar. El mismo es conocido también como el "monumento sin sombra" pues al comenzar el verano en el hemisferio sur, momento marcado por el Solsticio de Verano (21 de diciembre en el calendario, aunque puede ser el 22 en términos reales, de hecho este año es así, exactamente a las 2 am), precisamente al mediodía, el sol pasará por el cenit y no formará la mas mínima sombra. El solsticio de verano es también el momento en que se celebra el Capac Raymi, la festividad incaica mas importante que fue prohibida por los conquistadores españoles en el Perú, aunque en algunas localidades se continuó celebrando en secreto. Desde hace algunos años, ciertas comunidades aborígenes de nuestro país, (no todas, solo las que reivindican lo "incaico" como parte de su cultura e identidad), han retomado esta práctica y eligen este emplazamiento para su realización.
El lugar donde se emplaza el monolito y el reloj solar, es elegido por algunas comunidades indígenas de la Quebrada de Humahuaca para celebrar también el Inti Raymi o Fiesta del Sol durante el Solsticio de Invierno, es decir entre el 20 y el 23 de junio. La celebracion de los solsticios era una práctica propia de las sociedades agrícolas con conocimiento de la astrología. Los romanos celebraban el nacimiento del sol invicto y esta festividad se extendia del 22 al 25 de diciembre durante el solsticio de invierno en el hemisferio norte y no por casualidad el mundo cristiano celebra para esa fecha la Navidad. En efecto, el papa Julio I estableció la misma en el año 350 d.C, pues para la "nueva" religión el "sol", la luz, el centro del universo, era Jesucristo. Por estos días los solsticios son celebrados también por movimientos neo indigenistas y neo paganos.
Actualmente el Trópico de Capricornio corresponde al paralelo que pasa a una latitud de 23º 26´ 16" al sur del Ecuador (latitud 0º) es decir a unos 2600 km de esta línea. La misma atraviesa en nuestro país las provincias de Formosa, Salta y Jujuy.
Sierra de Zenta en Huacalera
Capilla de la Inmaculada Concepción de Huacalera, una de las mas bellas Iglesias de la Quebrada.
Posta de Hornillos - Quebrada de Humahuaca - Jujuy
Dos kilómetros antes de llegar al pueblito de Maimará, en plena Quebrada de Humahuaca donde el viajero comienza a ver la espectacular formación geológica llamada "la paleta del pintor", se encuentra la Posta de Hornillos constituida por un gran caserón colonial con sus dependencias, que hoy funciona como museo histórico donde se exhiben armas antiguas y muebles de los siglos XVIII y XIX. Las postas o lugar de relevo de la caballada en las rutas o caminos de tránsito son una institución antigua conocida por la mayoría de las civilizaciones de la antiguedad clásica y sus anteriores de Oriente Medio. En España funcionaron desde 1505 y de ahí pasaron a América. Pero antes de la llegada del invasor español, durante el Incanato, que alcanzó el territorio Argentino hacia 1435, existieron los Tampus, Tambos o Tamberías, que cumplian un rol similar a las postas a lo largo de la extensa red de caminos (Qapac Ñam) que construyeron los Incas. En ellos la tropa obtenía provisiones y los mensajeros imperiales o "Chasquis" conseguían recorrer grandes distancias (a pie) aprovisionandose y descansando en estos sitios. En tiempos de guerra, las postas fueron utilizadas como puestos y destacamentos militares, dada su posición estratégica.
En lo que hoy es nuestro país, las postas se ubicaban a lo largo del camino principal que unía el puerto de Lima en el Perú con el puerto de Buenos Aires. Dicho camino se conocía como el "Camino Real al Norte". Se llamaba Camino Real a la ruta o camino principal que unía una ciudad con otra. Su traza estaba determinada por la necesidad, la seguridad (ataques de los "indios" y ladrones) y la disponibilidad de recursos para el tráfico (caballos o mulas, alimento, cama y agua). Fue el principal eje de integración regional pues además de los arrieros (los usuarios más frecuentes) recorrían este camino los funcionarios de la corona española, comerciantes y particulares entre otros. La implementación de este camino en la época colonial fue una de las causas que propiciaron el traslado de Ibatín, el antiguo Tucumán (San Miguel de Tucumán) a su actual emplazamiento, en 1685.
Cocina de la Posta
La Posta de Hornillos se creó en 1772 por disposición del Visitador Don Alonso Carrió de la Vandera. Su primer Maestro de Posta fue José Gregorio Alvarez y Prado, con título del 26 de setiembre de 1789. Lo sucedió su hijo Pascual en junio de 1805 y luego su hermano Luciano en abril de 1806. A partir de 1810 la Posta de Hornillos de convierte además en destacamento militar como cuartel general de vanguardia del ejercito independentista a raíz del inicio de las guerras revolucionarias. El mando estuvo a cargo del Coronel Manuel Alvarez y Prado. En una de sus habitaciones se alojó el General Manuel Belgrano luego de las batallas de Tucumán y Salta, en 1813. También descansaron en sus habitaciones Martín Miguel de Güemes, Juan José Castelli, Antonio Balcarce y José Rondeau, entre otros personajes ilustres. En la campaña al norte el General Belgrano también pasó por el Fuerte de la Guardia de la Esquina (Santa Fe) y la Posta de Yatasto (Salta) entre otras.
Morteros
La Posta posee 19 habitaciones y dependencias menores dispuestas en torno a tres amplios patios sucesivos. Las paredes fueron construídas con adobe revocado y encalado. El techo es de torta de barro con tirantes de madera de cardón, es decir utilizando técnicas y materiales propios de la región. Actualmente la posta fue restaurada manteniendo su disposición original y utilizando las técnicas de construcción tradicionales. Las obras fueron realizadas por la Fundación Bunge y Born. El 3 de diciembre de 1979, al concluir los trabajos, fue habilitada como museo histórico.
En las doce salas habilitadas se exhiben distintos objetos históricos y tradicionales.
Detalle del piso empedrado y los calabozos, a la derecha el muro donde se apostaban los tiradores.
Tizona o espada de dos filos española utilizada por los conquistadores, siglo XVII; debajo Nazarenas, espuelas de hierro también utilizadas por los españoles, siglo XVI.
La Posta de los Hornillos se asienta sobre un territorio habitado desde hace mucho tiempo por los pueblos originarios, en efecto a escasos cuatrocientos metros sobre la ladera que se extiende hacia el oeste, se encuentra el Pucará de Hornillos que es un antigal similar al Pucará de Tilcara (algo más pequeño y sin restaurar), que estuvo habitado desde tiempos precolombinos e incluso preincaicos. En la imagen distintos tipos de hachas de piedra.
Sables utilizados por los soldados criollos en las guerras de la independencia, siglo XIX. El de abajo, fabricado en Argentina.
Momia indígena, posiblemente un viajero dados los elementos encontrados.
Foto de Puli (Gracias!)
Churqui(Prosopis ferox) de 250 años en uno de los patios interiores de la Posta.
Dentro del predio de la Posta de Hornillos existe un manantial natural donde es posible ver como surge el agua cristalina, purísima y potable que aun es aprovechada por la estación de agricultura experimental que se encuentra junto a la Posta. La presencia de dicho manantial, fuente de agua potable permanente, es tal vez el principal motivo por el que se asentaron los pueblos que construyeron el Pucará de Hornillos y luego los españoles y criollos.
Molino de piedra para granos.
Vieja muela del molino descartada por una rotura.
La Posta de Hornillos vista desde el patio exterior
Enorme "Yapan" (Acacia visco) en el patio exterior de la posta, según los lugareños este árbol es una cruza de dos especies, el aromo y el algarrobo, el ejemplar de la imagen tendría unos 350 años.
A pesar de todo lo que hay para ver, conocer y disfrutar en la Posta de Hornillos, no es un sitio muy frecuentado, tal vez porque el sol de la quebrada y sus días plenos desanime a los viajeros a "meterse" en un museo. Esta claro que la Posta es muchismo más que un museo, es un lugar para pasar el día pues está permitido acampar y tomarse el tiempo para viajar al pasado que se escurre entre sus rincones. Durante nuestra visita tuvimos la suerte de conocer a uno de sus guías, René Soto, un joven amable, estudioso de la historia y gran conocedor de las cosas del lugar que se esforzó a cada paso por transmitirnos los detalles de la trama tejida alrededor de la posta y a lo largo del tiempo, con la entrega y disposición de quien recibe en su casa a un amigo.
La Quebrada de Humahuaca, por decirlo de algún modo, se "abre" en su sector norte, las altas serranías que la limitan al este y al oeste se separan resguardando una planicie ondulada con serranías menores y un microclima particular. Este área, más que nada al norte del pueblo de Humahuaca, se caracteriza por la presencia de "churcales" formados por bosquecillos de Churqui (Prosopis ferox) en algunas quebraditas o por la presencia de ejemplares solitarios, junto a cardones y otras cactáceas. Allí también, la Ruta Nacional 9 se separa bastante del Río Grande virando en dirección noroeste. Pasando la entrada a la Comunidad Aborigen Hornaditas, unos doscientos metros a la derecha de la ruta, se encuentra el paraje "Churquiaguada" y el sitio arqueológico homónimo. Este antigal esta emplazado sobre una colina ubicada en la confluencia del Arroyo de Chorrilos y el de Churquiaguada. Se trata de un sitio de almacenamiento incaico caracterizado por la presencia de 36 montículos de piedra dispuestos en tres hileras y algunos recintos rectangulares. Estos montículos son construcciones de piedra circulares conocidos como "Collqas" o depósitos del Inca, es decir eran una especie de silos donde se guardaban los distintos productos.
Vista de las construcciones de piedra, detrás, Cardones y Churquis.
Collqa
Las Collqas eran construcciones para almacenamiento.
Este tipo de sitios estaban ubicados en lugares estratégicos tanto desde el punto de vista logístico como climático.
Representación de las Collqas incaicas del cronista Guamán Poma de Ayala de su obra "Primer y nueva crónica y buen gobierno". Tomado del libro "Los Incas del Collasuyu" de Rodolfo Raffino (1981). En la imagen se ve a Topa Inga Yupanqui junto a un Suyuyoc o administrador, que lleva los registros de entradas y salidas utilizando los Quipus, que era un sistema de registro realizado con cordeles y nudos.
Vista general de las Collqas
Escondido entre los churquis, un recinto cuadrangular
probablemente utilizado para vivienda o administración.
El recinto lo encontramos ligeramente reconstruido y reutilizado por los lugareños como "chiquero", no en el sentido de lugar para cerdos, sino en el sentido local del término dado a los corrales para los animales "chicos".
Vista desde el recinto cuadrangular, hacia abajo de la colina donde se ubica el sitio pasa una quebradita húmeda por donde serpentea el Arroyo Chorrillos para unirse aguas abajo al Río Grande. Allí existen algunas viviendas rurales y en el cerro que se observa más atrás, también con churcales, existe otro sitio arquelógico de origen tardío e incaico comprendido por distintas construcciones o pircas ubicadas en dos morros principales.
Este sitio es conocido como Pucara de Hornaditas, distante unos cientos de metros de las Collqas, ambos sitios están ubicados en la linea que dibujaba el Qapaq ñam o "Camino del Inca", que proveniente de la Puna pasaba por Inca Cueva, la zona de Zapagua, Churquiaguada y hacia el sur se dirigía a los otros sitios con rasgos incaicos de la Quebrada de Humahuaca, como el Pucará de Tilcara o el de Yacoraite entre otros.
Vista desde Churquiaguada del Qapaq ñam o "Camino del Inca".
La Era del Imperio (1430 - 1536 d.c.) en la Quebrada de Humahuaca es el período que comienza en el siglo XV con la expansión del Imperio Incaico o Incanato originario de la región del Cuzco en la sierra sur del Perú. El Tawantisuyo fue el imperio más extenso de América del Sur dominando los Andes desde Ecuador hasta Chile y Argentina en el Noroeste y Cuyo hasta la provincia de Mendoza. La superioridad militar y económica del Tawantisuyu, denominación del Estado Cuzqueño, era tal que los omaguacas no pudieron resistir la conquista que duró unos cien años, hasta la caída del Imperio producida por los conquistadores españoles. "El dominio incaico trajo consigo importantes cambios en el orden político local, desplazando algunos de los linajes y comunidades que hasta entonces gozaban de mayor poder y encumbrando a otros que actuaron como intermediarios entre el imperio y la población local" (Nielsen, 2002). Algunos sitios fueron destruidos violentamente como Los Amarillos, otros como el Pucará de Juella y probablemente el de Hornillos fueron abandonados. En los que perduraron, los nuevos gobernantes construyeron edificios de tipo religioso o administrativo, como la "iglesia" del Pucará de Tilcara, la kallanca de La Huerta o el tambo de Yacoraite (Nielsen, 2002). A pesar de lo "fugaz", en términos arqueólogicos, de la dominación incaica en la Quebrada de Humahuaca, sus huellas resisten el paso del tiempo en numerosas construcciónes, topónimos, vocablos y costumbres.
Las Cuevas del Wayra estan ubicadas al oeste de Tilcara en la Quebrada de Humahuaca, provincia de Jujuy. Cuatro kilometros aproximadamente desde la Oficina de Turismo, donde se contrata al guía que conduce al viajero hacia este destino. Se llega a pie por camino de herradura luego de 2 o 3 horas de ascenso por la Quebrada de Sarahuaico, arida y pedregosa. Tilcara se encuentra a 2460 m.s.n.m y las cuevas a 2900 aproximadamente. Es ideal para aquellos que disfrutan de las caminatas (que ahora le dicen trekking) por parajes naturales y serranos, de la observación de la flora y la fauna asi como también de las mejores vistas y panorámicas que ofrecen sus formaciones geológicas. El sendero hacia las cuevas atraviesa además, un gran sitio arqueológico que aparentemente fue habitado por los constructores del posterior Pucará de Tilcara.
Vista de Tilcara desde el camino a las Cuevas del Wayra, la huella de auto que se ve en la imágen dura poco
para transitar por el cauce seco de la quebrada, donde crecen algunos arbustos
y se encuentran fósiles marinos
también el Olivo Sagrado, de propiedades expectorantes,
el conocido Molle
y el Cardón o Pasacana (Trichocereus pasacana), propio de la Prepuna, poblado de Claveles del Aire que indican la dirección más frecuente del viento y por ello son utiles para orientarse entre los usos menos destructivos, de este recurso que por estos dias esta prohibido cortar y solo se permite utilizar la madera de los ejemplares muertos
por eso es que algunos buscan acelerar tal momento
El camino atraviesa un gran sitio arquelógico donde se pueden observar a simple vista las antiguas construcciones de viviendas
sin reconstruir, casi recicladas por la naturaleza, invisibles para quien no esta acostumbrado a ver antigales
antiguas terrazas de cultivo en toda la ladera
se encuentran restos de ceramica a lo largo de la caminata
y se pueden observar de cerca las antiguas viviendas,
terrazas de cultivo y construcciones derruidas.
Vista de Tilcara, asentada sobre un gran cono de deyección.
Por momentos el camino da un respiro. Es fundamental llevar agua y salvo días nublados, sombrero.
"el barco"
más fósiles marinos
subiendo un poco más se llega a la necrópolis, en la imágen se puede observar una tumba en cista, semi derruida, caracteristica del período tardío e identica a las halladas en la necrópolis del Pucara de Tilcara
formaciones geológicas naturales de areniscas y piedras sueltas
"la ventanita"
"la torre"
La zona es peligrosa con lluvias pues dadas las características del terreno es factible que se den "volcanes" nombre dado en Jujuy a los aluviones de barro y piedra, también llamados "huaicos" más que nada en Bolivia y Perú, cientificamente se denominan "flujo de detritos". Tal vez la frecuencia de estos fenómenos naturales fue la causa del abandono del antiguo poblado que hoy conforma un sitio arqueológico.
Las Cuevas del Wayra son dos, una es propiamente la del Wayra y la otra, en la imágen, es conocida como Cueva de Aguirre. A medida que uno se acerca la imaginación se embriaga en el aire del cerro que amenazante muestra sus fauces. Wayra en quechua quiere decir "viento".
Vistas desde la entrada a la cueva
"la tortuga"
paisajes de ensueño
Entrada a la Cueva del Wayra. La misma es bastante estrecha y hay que agacharse en un primer momento para luego transitar por una grieta de unos cinco metros que obliga a apoyar las nalgas en la roca y desplazarse con las piernas por la roca de enfrente. Salvado este accidente se accede a una cámara principal de mayores proporciones y se puede recorrer de pie los casi cincuenta metros que tiene la cueva. No apta para claustrofóbicos...
los guías iluminan la cueva con velas a medida que se va entrando
Interior de la cueva.
Esta imágen pertenece a los Expedientes X de Naturaleza y Cultura, en efecto creemos haber descubierto dónde se oculta el diablo hasta la llegada del próximo carnaval...
La Cueva del Wayra esconde sus secretos e historias de los tiempos antiguos, cuando la misma era un lugar sagrado al que accedian los viejos sabios buscando en la soledad y el aislamiento el silencio, en las entrañas de la tierra, dedicados a la contemplación pura. Ese silencio donde el hombre puede acceder a lo más profundo de su interior unido al pulso del universo. A lo largo del recorrido Tupac Flores, tilcareño y guía de la Quebrada de Humahuaca, miembro de la Comunidad Indigena Viltipoco, nos enseñó un poco de lo que le contaron sus padres y abuelos quienes lo recibieron a la vez de sus mayores tradicionalmente, en secreto dados los tiempos que les tocó vivir.
Vista de la Cueva de Aguirre, esta tiene una profundidad de unos 40 metros y sale del otro lado de la montaña
el acceso a la misma desde la cueva del Wayra es bastante dificultoso, a través de una cornisa. Por suerte ibamos con Tupac Flores guía de Tilcara, el mismo que nos acompañó a los Petroglifos de Zapagua.
Vista desde el interior de la Cueva de Aguirre. Aqui guardamos las cámaras pues se debe gatear como un bebé unos 7 u 8 metros, luego sortear una roca bastante alta a partir de la cual se percibe la luz de la salida para alivio de los claustrofóbicos...
la salida da hacia la Quebrada de la Cruz, más atrás y colorida la Quebrada de Huichaira
Vistas de la Quebrada de Huichaira
El descenso desde la salida de la cueva de Aguirre hasta la Quebrada de la Cruz es muy escarpado, lleno de pedregullo que obliga a bajarlo sentado, ayudándose con las manos.
pero cualquier esfuerzo vale la pena por ver esos paisajes.
Cardón de más de siete metros de alto, en la Quebrada de la Cruz.
Vista del Pucará de Tilcara, más atrás la "paleta del pintor", vistas desde la Quebrada de la Cruz descendiendo hacia la Ruta Nacional 9.