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martes, 20 de marzo de 2012

El Vivero de Ribera Norte

Vivero Didáctico Municipal de Plantas Autóctonas de la Costa - San Isidro, Buenos Aires

Durante la primavera pasada visitamos el Refugio Educativo Ribera Norte, ubicado en la costa de San Isidro, provincia de Buenos Aires; lugar que frecuentamos, dado que es una  reserva muy accesible y biodiversa, sobre el que ya publicamos unas cuantas notas. En aquella ocasión, se encontraba cerrada pues está sujeta a la dinámica del Río de la Plata, sus crecidas y sudestadas, que la inundan, embarran o cortan el sendero, voltea árboles y ramas o la llenan de basura. Lejos de arruinarse nuestra salida, aprovechamos para visitar el Vivero Didáctico de Plantas Autóctonas de la Costa, ubicado a unos trescientos metros de la entrada a la reserva. También para recorrer los terrenos aledaños, entre el Refugio y el Vivero, que recientemente la Municipalidad de San Isidro ha sumado al refugio, conformando un área de reserva urbana integral de mayor superficie. En efecto, por la ordenanza municipal Nº 8461/09 el Refugio Educativo Ribera Norte fue ampliado alcanzando los terrenos aledaños, el predio del vivero y una parte del Río de la Plata que desde la costa alcanza el Canal Costanero. De este modo la reserva, que tenía 10 hectáreas, pasa a tener 50 hectáreas. Esta ordenanza fue promovida por Juan Carlos Chébez, gran naturalista argentino recientemente fallecido, con el apoyo de la Asociación Ribera Norte, vecinos y visitantes.

Clavel del Aire (Tillandsia aerantos) - Air Plant

Tutiá o Revienta Caballos (Solanum sisymbrifolium) - Sticky Nightshade

Uña de Gato o Mbaracayá-poapé (Macfadyena unguis-cati) - Cat´s claw Climber

Malvavisco (Pavonia sepium) - Pavonia
 
La Dirección de Ecología y Conservación de la Biodiversidad de San Isidro instaló los primeros carteles en los nuevos terrenos que advierten sobre la prohibición de acampar, encender fuego, cazar y pescar, con el objetivo de informar y concientizar a la gente sobre esta nueva área protegida, evitando las infracciones que se pudieran cometer a lo establecido por la ordenanza.

Catita Chirirí (Brotogeris versicolorus) - Canary-winged Parakeet

Uñas de Gato en el alambrado perimetral del Vivero

La Uña de Gato es una liana de follaje perenne, sus flores grandes y amarillas la hacen inconfundible.

Costa del Río de la Plata


Ratona Común (Troglodytes aedon) - House Wren

Picaflor Común (Chlorostilbon aureoventris) - Glittering-bellied Emerald

Matacandil u Hongo barbudo (Coprinus comatus) - Shaggy Ink Cap
Especie de hongo exótico, introducido desde Europa.

Zanjón que conformaba el límite sur del Refugio, hoy integrado al mismo.

Todo florecido en primavera, Uña de Gato y Ceibo.


En el vivero se cultivan las plantas autóctonas propias de la biota rioplatense, es decir aquellas que crecen naturalmente en las Islas del Delta del Paraná y la Ribera del Río de la Plata. La ciudad de Buenos Aires y el conurbano se asientan sobre esta última con las consecuencias que todos conocemos, destrucción de la flora y fauna, contaminación, obras de relleno. La Asociación Ribera Norte se encarga desde hace varios años del manejo del vivero con el trabajo de vecinos y voluntarios comprometidos con el cuidado, propagación, investigación y todas las tareas que hacen al funcionamiento del vivero. El objetivo principal es propagar y difundir la utilización y conocimiento de nuestra flora con todos los beneficios que esto trae al medio ambiente en el que vivimos. Enterate de las actividades, horarios y plantas disponibles en la web del vivero:  Vivero Didáctico Municipal

"Gracias al trabajo voluntario, aquí se cultivan más de 160 especies de plantas nativas que dan hospedaje y alimento a nuestra fauna silvestre"

Al mismo tiempo se recuperan especies valiosas que son parte de nuestro patrimonio cultural

y se conserva la altisima biodiversidad.

Helechito de Agua (Salvinia auriculata) - Eared Watermoss

Flor de Patito (Oncidium bifolium) - Dancing ladies
Orquídea autóctona y epífita

Vista del sombrario del vivero.

Plantines de Flor de Patito (Oncidium bifolium)

Plantines de Ceibo (Erythrina crista-galli)

Plantines de Ombú (Phytolacca dioica)

No faltan las plantas acuáticas y palustres en el vivero.

Pasionaria o Mburucuyá (Passiflora caerulea) - Passion Flower

En el vivero se pueden adquirir 160 especies de plantas autóctonas que raramente, tal vez solo las más "famosas", se consiguen en viveros comerciales. Los precios de las plantas son muy accesibles y además se contribuye al mantenimiento del vivero. La importancia de plantar especies autóctonas no solo se limita a beneficiar a nuestras aves y mariposas, de esta manera también se evita difundir especies exóticas que traen serios problemas a los ya amenazados ambientes nativos. Descubrir la belleza de nuestra flora, sus relaciones con la fauna, los beneficios medicinales que muchas de ellas poseen, conocerlas para valorarlas, cultivarlas en nuestros jardines, balcones y macetas... acciones mínimas que contribuyen a mejorar nuestra calidad de vida.


Para leer o consultar: 

Beccaceci Marcelo: "Buenos Aires, Ciudad y Provincia. Guía de Campo" Southworld  2009.
Barbetti, Ricardo: "Plantas Autóctonas: imprescindibles para la naturaleza y para la humanidad" Ed del Autor, Bs. As. 1995.
Haene, Eduardo: "100 Flores Argentinas" Ed. Albatros, 1º ed Bs. As. 2007
Lahitte, H. y Hurrell, J. et al: "Plantas Medicinales Rioplatenses" Ed. L.O.L.A. Bs.As. 1998.
Lahitte, H. y Hurrell, J. et al: "Plantas de la Costa" Ed. L.O.L.A. Bs.As. 1997.


Ver también:
 
 

viernes, 16 de marzo de 2012

El Carau

Carau (Aramus guarauna) - Limpkin

"Dicen que el caráu era, cuando los animales hablaban, un mozo trabajador y honrado que servía de ejemplo como bueno y generoso.
Tenía su rancho sobre la orilla de un bañado lejano y allí vivía solo, consagrado a sus trabajos y a cuidar de su anciana madre, que se miraba en él.
Jamás se le había visto en carreras, bailes, ni pulperías, y el hombre, por lo juicioso y retirado, más parecía un viejo veterano de la vida que un mocetón vigoroso como era.
La viejita, que conocía el mundo y sus cosas, le decía siempre:
-Vea, hijito... ¿por qué no se va a pasear un poco? Mire que no sirve estar siempre atao al yugo... ¡Un descansito es cosa buena!
Pero el mozo no hacia caso.


Tanto le instó la señora y tanto insistió, que, al fin, salió una mañana -la primera y última en su vida- y alcanzó a una pulpería donde había jarana y beberaje: allí las buenas mozas lo trastornaron, y pasó el día y la noche, como si no fuera nada.
Al clarear el día siguiente vino un amigo y le dijo: ¡Che, Caráu!... Ahí está uno de tus peones: dice que tu mama está enferma y que te llama.
-¡Díganle que se vuelva!... ¡Caramba con la gente! ¡una vez que uno sale a divertirse no lo dejan!
Y siguió la jarana y el beberaje.
A la noche volvió el mensajero diciendo que la anciana se moría y clamaba por ver a su hijo, pero tuvo que volverse solo al oír a éste que le decía:
-¡Dígale a la vieja que me espere...; me estoy divirtiendo y no estoy para lloriqueos!
Y pasó la noche y vino el día, y con él el mismo peón con la noticia de que la anciana había muerto.
-¡Bueno!... -dijo el mozo-, después lloraré; ¡hoy tengo que divertirme!
Y bebiendo y bailando pasó ocho días con sus noches, volviendo luego a su hogar desierto, resignado y tranquilo.
¡Se había divertido!


¡Ahora era ya tiempo de sentir!
Se vistió de luto y ganó los pajonales, llorando a su difunta querida... ¡Desde entonces se le ve todo de negro, solo, parado en lo más enmarañado de los carrizales, mirando el agua con sus ojos colorados, que no son así, sino que están enrojecidos por el llanto!

Fray Mocho, Un viaje al país de los matreros.


Compartimos en esta entrada algunas imagenes y comentarios de una de las aves más conocidas de nuestra fauna, protagonista de varios mitos y leyendas a lo largo de su extensa distribución geográfica. Elegimos para introducir esta nota la versión de la leyenda del caráu más popular y tal vez la mejor contada, por la pluma de Fray Mocho (seudónimo de José S. Álvarez (1856-1903), escritor y periodista entrerriano, nacido en Gualeguaychú, fundador de la revista Caras y Caretas (1898)) y gran conocedor de nuestras cosas.

El Caráu (Aramus guarauna), Linnaeus, 1766; también llamado Carao, Carrao, Pájaro Llorón o Viuda Loca, es un ave del orden Gruiformes (pariente de las Grullas), único miembro de la familia Aramidae, propia de América del Norte (sur de EEUU y México), Central y del Sur (salvo Chile y la costa pacífica de Perú). En Argentina existe la subespecie o raza nominal: Aramus guarauna guarauna, que se distribuye por Sudamérica. Las tres restantes se encuentran más al norte: A. g. dolosus desde el sudeste de México hasta Panamá; A. g. elucus en La Española (Haití y República Dominicana) y Puerto Rico; finalmente A. g. pictus en Florida (EEUU), Jamaica y Cuba.



 El Caráu y el Benteveo (Pitangus sulphuratus)

Las imagenes que compartimos a continuación fueron obtenidas en el Lago de Regatas de los Bosques de Palermo, Ciudad de Buenos Aires; lugar que los caraus suelen aprovechar para alimentarse a pesar de que los fines de semana se llena de gente. Se puede observar en la secuencia de fotos al Carau buscando su alimento favorito, los caracoles de agua dulce, que en el lago artificial del parque son abundantes.

Buscando caracoles

El Carau es un ave que puede alcanzar los 66 cm, es de color pardo oscuro, de lejos se ve negro y por ello en la leyenda se vistió de luto. La cabeza, el cuello y la garganta son pardos con manchitas blancas que caen hacia el dorso. El pico es amarillento en la base con la punta negra. Las patas son negras. Posee alas grandes que pasan el metro de envergadura. El pico, cuello y patas son largos, adaptaciones que le permiten vadear las aguas y la vegetación palustre; así como capturar sus presas con gran precisión.

Su alimentación se compone principalmente de caracoles y vermes. Realiza un grito fuerte, su nombre común es una onomatopeya del mismo. Frecuenta orillas de esteros, lagunas y bañados, incluso ambientes artificiales en ámbitos urbanos como lo atestiguan nuestras imagenes.

Acostumbra posarse en árboles y suele sorprender a los caminantes cuando se eleva de repente entre los pajonales, ya sea por su gran tamaño o por su grito poderoso, realizando un vuelo de aleteo entrecortado. Su vuelo es tan particular, batiendo las alas de la horizontal hacia arriba, que facilita su identificación en el campo.

Construye su nido entre los juncales y totorales, empleando para la realización del mismo juncos y espadañas, formando una plataforma de unos 35 o 40 cm de diámetro, donde pone hasta siete huevos color crema con manchitas y pintas marrón claro y grises. A veces construye el nido sobre ramas en arbustos, a baja altura y cerca del agua. Los huevos son ovoidales o elípticos, miden entre 57 a 63 mm x 42 a 46 mm. Las manchitas se distribuyen por toda la superficie pero en más cantidad hacia el polo mayor.

Esquema de su nido y huevo, tomado de De la Peña (1992).

En nuestro país se lo encuentra desde el norte hasta las provincias de La Rioja (este), San Luis, noreste de La Pampa y sur de Buenos Aires. Recientemente se lo ha observado más hacia el oeste en las provincias de Mendoza y San Juan. Es más abundante y frecuente en el distrito chaqueño oriental, la selva paranaense, los bajos submeridionales, esteros del Iberá, las islas y el delta del Paraná, así como también las lagunas y bañados pampeanos. Es una especie común siempre que tenga humedales dónde alimentarse.

Con su largo pico algo curvo extrae el caracol

y lo lleva hacia la orilla

donde lo rompe de un picotazo y luego lo devora.

Por la presencia de acumulaciones de caracoles rotos podemos descubrir sus lugares de alimentación, que se diferencian de las del Caracolero (Rosthramus sociabilis) por este detalle, dado que este último no los rompe pues posee un pico ganchudo perfectamente adaptado para extraer al molusco. Otra diferencia en los comederos de estas aves, tan diferentes pero que se alimentan de lo mismo, es que los del carau suelen estar en las orillas y los del caracolero próximas a un poste o atalaya.

Otro bocado

También se alimenta de otros moluscos, insectos y pequeños reptiles.

"Oí a lo lejos el grito quejumbroso del caráu que, triste y solitario,
 vaga entre los pajonales a caza de caracoles viajeros"
Fray Mocho




Caráu adulto con cuatro juveniles, en la Reserva Ecológica Costanera Norte. Según relata G. E. Hudson (1841-1922) escritor, primer ornitólogo argentino, en su obra "Aves del Plata": "Cuando alguien se acerca al nido, los padres emiten voces duras e indignadas, mientras caminan a cierta distancia. Los pichones y los adultos viven en una bandada hasta la primavera siguiente".


Su silueta elegante es frecuente en varias reservas urbanas, lo hemos observado en la Reserva Ecológica Costanera Sur, Ribera Norte, en la Reserva de Vicente López o en el Arroyo Raggio.

Se lo puede ver solo, en pareja o en pequeñas bandadas. No posee diformismo sexual, macho y hembra son similares.

"Por haber sido mal hijo
castigo le dió el Tupá
le puso un plumaje negro
y le condenó a llorar"
Mario Bofill


El Carau es un ave protagonista de numerosos cuentos, leyendas y mitos populares, más que nada del litoral; presente en el folclore, su leyenda se hizo chamamé de la mano de Mario Bofill, músico, cantautor y cuentista correntino. El carau es también conocido como Viuda Loca, nombre ya registrado por Hudson en el siglo XIX, que corresponde a otra leyenda en la que el carau era una bella mujer, de tez blanca y rubia cabellera, tan bella como vanidosa que se preciaba de conseguir lo que quisiera de cualquier hombre. Estando con su amado en el río, se sacó las joyas y las arrojó hacia el, pidiéndole al hombre que se las trajera de vuelta. Este sin dudar se arrojó a las aguas para consentir a su bella amada, desapareciendo para siempre. Desesperada la mujer comenzó a gritar, se vistió de luto y vagó loca para siempre por los pajonales. El Carau es parte de nuestra cultura popular y todo un símbolo de nuestros humedales, amenazados por la canalización para secar campos y extender la frontera agropecuaria, los agroquímicos tóxicos y cancerígenos como el glifosato; la contaminación urbana, la caza y pesca furtiva; problemas y amenazas reales a las que se suman las arroceras que apuntan sus garras hacia las islas del Paraná.


Para leer o consultar:

Beccaceci Marcelo: "Buenos Aires, Ciudad y Provincia. Guía de Campo" Southworld  2009.
De la Peña, Martín: "Nueva guia de flora y fauna del Río Paraná" Ed. del Autor 1991.
De la Peña, Martín: "Guía de Aves Argentinas",  Tomo II, 2º Edición, Editorial L.O.L.A., Bs. As. 1992.
Fray Mocho: "Un viaje al país de los matreros" EUDEBA, Bs. As. 1966.
Narosky Tito y Canevari Pablo: "100 Aves argentinas", 1º Ed. Albatros, Bs. As. 2007.
Narosky Tito y Di Giacomo Alejandro: "Las Aves de la Provincia de Buenos Aires: Distribución y Estatus" Editorial L.O.L.A., Bs. As. 1993.
Narosky Tito e Yzurieta Dario: "Guia para la identificación de las Aves de Argentina y Uruguay", Vazquez Mazzini Editores, Bs.As. 2006.
Olrog, C.C.: "Las aves sudamericanas" Tomo I, 1º Ed. Universidad Nacional de Tucumán, Fundación Miguel Lillo, Tucumán, 1968.
Olrog, C.C.: "Las aves argentinas, una nueva guía de campo" APN, Bs. As. 1984.


Ver más (sobre aves):